sábado, 21 de julio de 2012

{Capítulo 3}.


Lo cierto es que es evidente que los dos nos atraemos. No hay nada más que vernos para saber que hay sentimientos. Los dos nos queremos, aunque sea de una forma diferente. Aunque la verdad es que a veces pienso que el también está enamorado de mi. A fin y al cabo, coge un avión para venir a verme ¿no?, deja lo que está haciendo para llamarme por teléfono a cualquier hora ¿no?, hay atracción física. Eso es evidente.

Entramos ahora en la última plaza que hay que atravesar para llegar a nuestro destino. Esta es la más grande del pueblo, ya que aquí está la iglesia. Frente a ella hay un parque. Veo a unos niños jugando en él, y me sorprende ver a bastante gente en la puerta de la iglesia. Veo entonces a varios fotógrafos que esperan parados frente a ella.
Hay una boda.


Justin me mira al darse cuenta de que uno de los fotógrafos nos está mirando fijamente mientras entramos en la plaza.

-Tranquilo –susurro- solo es una boda.
-Está bien –dice algo nervioso.

Seguimos andando y el hombre no nos quita la vista de encima. Es evidente que no puede ser quien está pensando que es. No aquí. No abrazando a una chica desconocida. Y entonces me doy cuenta. Entonces caigo en que todo lo que había imaginado era mentira. Justin no siente nada por mí, al menos no como lo que a mí me gustaría. Solo está abrazándome para que sea un poco más creíble su identidad. Chico normal abraza a chica normal. Novia normal, novio normal. Todo encaja. En ese momento siento ganas de deshacerme de su abrazo y alejarme unos pasos de él. Por alguna razón me ha sentado mal descubrirlo y ahora estoy dolida. Pero no me da tiempo a apartarme de él, porque él lo hace de mi. Se para en seco y se gira para quedar cara a cara conmigo. Veo que le da la espalda a alguien, el fotógrafo de acerca desde lejos. Ahora lo pillo.

-¿Qué hacemos? –dice con un tono histérico en su voz.
-Ven.

Cojo su mano y tiro de ella. Vamos hasta el borde de la plaza y me apoyo en una pared. Le atraigo hacia mí y hago que se acerque para intentar intimidar al fotógrafo. Al menos, si yo fuera el no me acercaría a unos jóvenes que están acaramelados en la esquina de una plaza. Significa que quieren intimidad.

Justin comprende mi acto y apoya sus brazos sobre la pared, extendiéndolos y dejándome a mí en medio de ellos. Acerca su cara a la mía y me mira fijamente como si de verdad fuera a darme un beso. Me pongo de puntillas con su aliento chocando contra mi cuello para mirar por encima de su hombro, y veo que el hombre sigue avanzando con su cámara hacia nosotros. Ese tipo no tiene sentido de la vergüenza. No molestes a dos novios que están a punto de besarse. No lo hagas.

-Viene –susurro.
-Mierda –dice, y noto su aliento contra mi cuello de nuevo. Está muy tenso. Nos van a pillar.

Sin pensar, meto mis manos por el interior de su chaqueta y las apoyo sobre sus costados. Comienzo a acariciarle y sonrío intentando hacer que se relaje.

-Tranquilo, Justin –subo mis manos más arriba.
-Va..vale –gimotea, y noto entonces que sus músculos se relajan por el contacto de mis manos contra su pecho.

Vuelvo a mirar por encima de sus hombros. Tengo que pensar en algo. No puede verle. Intento idear un plan pero el hombre está demasiado cerca. Faltan unos segundos hasta que se encuentre de lleno con Justin Bieber. No. No si no logra verle la cara. No si no le reconoce.

-No te des la vuelta –susurro precipitadamente sobre su oído, espero que me haga caso.

Me deshago nuevamente del peso de su cuerpo contra el mío y salgo de ahí como puedo, dejando a Justin de cara a la pared. Antes de que pueda llegar a él, me interpongo entre El fotógrafo y Justin y intento parecer lo más histérica posible.

-¡Que haces! –Grito lo más fuerte que puedo- ¿Quieres echarnos fotos a mi novio y a mí? –doy un paso adelante y el retrocede- ¿Eres un pervertido? –Avanzo- ¿Por qué nos persigues? ¿Crees que no me he dado cuenta? –Espero un momento, al ver que no responde continuo- Puedo ponerte una demanda por acoso, o por echarnos fotos sin permiso. ¿Has echado alguna foto? –Digo seria- contesta.
-N-no –tartamudea él, asombrado.
-Más te vale –le miro- y ahora vete de aquí.

En realidad tengo miedo. Intento parecer lo más segura que puedo pero en realidad estoy asustada. No quiero que vean a Justin. Significaría paparazzis aquí en cuestión de minutos. El hombre sigue mirándome asombrado sin saber qué hacer. Mira por encima de mi hombro hacia el chico que sigue de espaldas (o eso espero) detrás de mí. Vuelve a mirarme, y se va.

Me doy la vuelta lentamente y me acerco a Justin de nuevo. Cojo su mano y comenzamos a andar en dirección contraria a nuestro destino para evitar volver a cruzarnos con el fotógrafo.

-Impresionante –murmura mientras nos alejamos calle arriba- no conocía esa faceta tuya –sonríe.
-Si, bueno –contesto nerviosa.
-Me ha gustado la parte de “¿nos espías a mi novio y a mí?” –ríe.
-¿Por qué?
-Por lo de… -duda- por lo de novio.

Otro escalofrío. Soy idiota.

-¿Puedo preguntarte algo? –le miro fijamente.

El asiente.

-Desde que hemos salido de casa… -guardo silencio- lo de cogerme la mano y abrazarme –dudo de nuevo- ¿ha sido solo para que no supieran que eras tú? Es decir, para que pensaran que solo eras un chico con su novia paseando.
-¿Qué? –Dice sin comprenderlo, y después ríe- pues claro que no.

En ese momento pienso que soy la chica más idiota del mundo.

-Te he cogido la mano porque me gustas, ya lo sabes –en ese momento, se da cuenta de lo que ha dicho y sus mejillas se tornan de un rojo intenso- bueno, supongo… esto, es que… -es la primera vez que le veo así de nervioso- ya lo sabes.

Pienso durante un momento, pero no me salen las palabras.

-Y lo del abrazo… Sweden, ya sabes lo que pasa entre nosotros –sonríe ahora más seguro- ya sabes que me gustas. Lo siento si te has sentido incomoda o algo así –mete su mano en el bolsillo trasero de su pantalón- pero ha sido un impulso. No se –hace lo mismo con la otra mano- supongo que ha sido un impulso. Necesitaba hacerlo.
-Tranquilo –intervengo yo- es solo que pensaba que lo habías hecho por otra razón –sonrío- pero si es por eso… me alegro.

Los dos nos miramos durante unos segundos que parecen horas. El tiempo se para durante una fracción de segundo y solo le veo a él. Mirándome intensamente. Justin se acerca de nuevo a mí, ahora más seguro que nunca.

-¿Entonces puedo abrazarte de nuevo? –ahora parece tímido.
-Siempre que quieras.
-¿Y la mano? –sonríe.
-Siempre que quieras.
-Y… -Ahora se acerca más a mí, pero en ese momento centro mi atención en otra cosa y él se da cuenta.

Miro un momento hacia atrás para percatarme de que mis dudas eran ciertas. Me había parecido ver al fotógrafo siguiéndonos. Ahora sé que es verdad.

-Joder –murmuro.
-¿Qué pasa, Sweden? –dice el sin girar la cabeza.
-El fotógrafo, nos está siguiendo.

Veo como Justin dice algo entre dientes, pero no puedo lograr adivinar el que.

-Hay un callejón un poco más adelante. Está en un pequeño parque y da a otra calle desde la que solo se puede entrar dando toda la vuelta. -intento pensar- si logramos llegar a ese callejón le despistaremos.
-¿Cómo? Nos está persiguiendo. Se dará cuenta. –murmura.

En ese momento veo a Daniel. Un chico que me debe unos cuantos favores. Es un buen amigo, aunque no precisamente de esos a los que les presentas a tus padres. Lo bueno, es que la gente como él, sabe devolver favores y una vez que saben que pueden confiar en ti, te conviertes en su amigo para siempre. Te protegen.

-Daniel –susurro.

Justin me mira ahora intrigado.

-¿Quién es Daniel? –pregunta intentando seguir con la cabeza hacia delante para que el fotógrafo no le vea la cara.
-Cuando yo te haga una señal, ve hacia allí –señalo el parque con el pequeño pasillo. El callejón- tienes que separarte de mí antes de que Daniel te vea. Hazme caso. Nos vemos en unos minutos.

Seguimos andado hasta estar lo bastante cerca el callejón y de Daniel para que no sospeche. Miro a Justin una última vez y le hago la señal. El comienza a andar más rápido y se mete en el parque. Veo como se sube los pantalones. Sus bóxers vuelven a asomar a pesar de todo. Este chico no cambia.

-¡Daniel! –le llamo.

Al momento el chico viene hacia mí. Sonríe, pero su sonrisa desaparece cuando ve mi cara.
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{Holis holis holis. Solo quería deciros que no esperaba tener tantas lectoras en una novela short como esta, y por ello he decidido hacerla más larga. Ya no será un short, sino un long. Vale, no. Lo que quiero decir es que he estado trabajando en nuevas ideas y he aumentado bastante esta novela, por el momento calculo que quedará en unos 40 o 50 capítulos, o puede que más. 
Gracias por leer.
PD: Si no tengo un minimo de siguientes no subiré el próximo capítulo, por lo que las que leen la novela desde twitter, podéis pedirme siguiente ahí y yo os RT, las que lo hacéis desde tuenti, como siempre.. por comentario}.

TUENTI: Nuria Someday.
TWITTER: @nuriasomeday.
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jueves, 19 de julio de 2012

{Capítulo 2}


-Cree que somos amigos –le digo- pero ya le he dicho que no somos nada.
-Más le vale mantenerse alejado –me mira intensamente- y bien –de repente su expresión cambia y como si quisiera eliminar la tensión que se ha creado por momentos, sonríe sin mas- ¿Dónde vas a llevarme hoy?
-Ya sabes que aquí no hay mucho que ver –sonrío ante su cálida voz- podemos pasear.
-Pasear –repite- me encanta pasear.

Subo a mi habitación y meto el móvil en el bolso. Antes de cerrar el portátil veo que en  twitter hay cuatro interacciones nuevas. Las leo.

“Me encantan los días como hoy, me encanta ver lo que hoy voy a ver”.
“Prepárate, ya estoy aquí”
“Hoy el sol está brillando, porque si no, sería de noche”.

Veo el último, un rettweet de una fan.
 “Es muy gracioso cuando a @justinbieber se le caen los pantalones en plena actuación, el es sexy”.

Bajo abajo y espero a que vuelva, Justin ha ido a meter el coche en la parte de atrás. No quiere que nadie sepa dónde está.

Cuando vuelve sonríe y se gira para coger su teléfono, que reposaba sobre la mesa. Se inclina y veo que sus bóxers negros asoman por encima de sus pantalones. Me río al recordar el tweet de esa fan, y después le miro.

-Voy a regalarte un cinturón –cruzo los brazos.
-Se que te gusta –bufa- y a mis fans también.
-Se que a ti también te gusta que todos vean tu trasero mientras actúas, es “divertido” –río, el no se lo espera”.
-¿Has visto el video? –se sonroja.
-He visto un tweet –suspira aliviado- pero pienso buscarlo cuando llegue a casa.

Tras una pequeña discusión sobre donde debe colocarse los pantalones, salimos a la calle y él se coloca su gorra negra de los yankees.

-A juego con los bóxers –río.
-A juego con los bóxers –repite divertido.

Nos dirigimos hacia un parque en el que no hay mucha gente, pero para eso tenemos que atravesar la mayor parte del pueblo. Ese parque está a las afueras.
Cuando entramos en una calle donde varias mujeres charlan con su cesta de la compra en la mano, Justin se coloca sus gafas de sol y se pone la capucha de la chaqueta sobre la gorra, tapando la mayor parte de su cara.

-Pareces un delincuente –me río.
-No lo creo –sonríe.

Justin se acerca a mí, y noto como acaricia mi mano antes de agarrarla. Yo le miro y veo como su sonrisa casi brilla bajo el sol. En ese momento comienzo a ponerme nerviosa. No sé qué hacer. Justin ha cogido mi mano y está esperando una respuesta. No sé lo que eso significa. Puede que para él solo sea una señal de amistad. Sweden, eres imbécil. Haz algo. Levanto la vista para encontrarme con sus ojos, y sonrío tímida mientras acepto su mano y la estrecho un poco más contra la mía. El hace más amplia su sonrisa, y por un momento creo ver el rubor en sus mejillas. ¿Sentirá en estos momentos, al igual que yo, mariposas en el estómago? Vuelvo a mirarle y veo que su sonrisa no ha desaparecido aunque ahora mira hacia delante.

Se acerca un poco más a mí y entonces entrelaza sus dedos con los míos. Ahora comprendo que eso no es una señal de amistad. No, eso significa algo más. Unos dedos entrelazados significan unión. Amor. ¿No es cierto?

Miro hacia las señoras que hablan inocentemente sobre lo que hoy harán de comer, sin pararse a pensar que Justin Bieber sostiene mi mano. Una de ellas me devuelve la mirada y después la posa sobre nuestras manos. Sonríe y después vuelve a la conversación con sus fieles amigas. Imagino entonces como verá ella nuestra imagen. Dos jóvenes andando cogidos de la mano. Seguro que piensa que estamos enamorados. Y así es, al menos… yo si.

Entramos en una calle en la que ya no hay tanta gente. En realidad estamos solos sin contar a los dos ancianos que hablan animadamente en la puerta de un estanco y otro de ellos que toma el sol sentado en un banco y mirando al cielo, con sus gafas de sol y su gorra estropeada. Pienso en si Justin será como él cuando crezca, si seguirá llevando las gorras que ahora lleva. Le miro y veo que se ha desprendido de las gafas y la capucha. Gira su cabeza y sonríe al ver que le estoy observando.

-Me encanta esto –murmura.
-¿Poder pasear por una calle sin que la gente se te eche encima?
-Bueno… -duda un momento- eso está bien –sonríe- pero me refería a coger tu mano.

Y de nuevo comienzan a temblarme las piernas. Me pregunto si para el esto será un juego o de verdad sentirá algo al sostener mi mano. Le miro a los ojos y veo que ahora brillan. Creo que el también siente algo, pero no se el que.

-Te invito a un helado –dice rompiendo el silencio que se ha formado durante un momento.
-Trato hecho –le tiendo la mano que me queda libre para sellarlo.
-No hemos hecho ningún trato –mira mi mano.
-Pues lo hacemos ahora –pienso durante un momento- dejo que me invites a un helado si tú dejas que te compre un cinturón –río triunfante.
-No hay trato –dice el.
-Pues no dejo que me compres un helado –dejo caer la mano que antes había tendido para que el la estrechara.
-Vale.

A pesar de que me he negado a que lo haga, al llegar a una heladería, sin preguntármelo, vuelve a ponerse las gafas y la capucha y tira de nuestras manos, que siguen entrelazadas con fuerza. Intento resistirme pero él es más fuerte. Al entrar la chica nos mira primero a ambos, y después fija su mirada en el. Parece dudar durante unos segundos, pero después sacude la cabeza y mira hacia el interior de la vitrina en la que están los helados.

Yo suelto mi mano en señal de enfado, e inmediatamente me arrepiento. El me mira y yo intento parecer cabreada, pero creo que no funciona. Mete la mano que antes sujetaba la mía en el bolsillo y saca su cartera.

-Dos helados de chocolate, por favor y gracias –le sonríe a la camarera.

Parece que esta se ha quedado durante un momento embobada con la sonrisa del chico que me acompaña. Es normal, suele causar esa sensación. Ella vuelve a mirarlo y como si se diera cuenta de repente de que es demasiado obvio que le escruta, fija su mirada en el cristal y comienza a servirnos los helados. Sé que en su interior está pensando “Este chico me recuerda a alguien, tiene que ser… si, se parece a él, pero no puede ser, el no puede estar en España, no”.
La mujer le tiende los dos helados a Justin y este los coge, poniendo en su lugar unos billetes.

-Quédese con el cambio –dice simpático, y sale a la calle.

Resignada voy tras él y le acompaño mientras anda, no quiero mirarle, porque se que si lo hago mi enfado desaparecerá por completo. Veo por el rabillo del ojo que se acerca más a mí tendiéndome el helado. Le ignoro.

-Vamos –murmura tierno- no seas así.

Sigo sin decir nada.

-Perdóname –susurra en mi oído acercando su cara.

Un escalofrío me recorre de los pies a la cabeza al notar sus labios tan cerca, pero me controlo. Le miro. El enfado es historia. El sonríe, yo sonrío.

-Vale –digo seca, y cojo el helado.
-Gracias –su sonrisa se hace más amplia.

Andamos por las calles tranquilos, porque sabemos que aunque la gente imagine que ese chico que anda junto a mi es quien es, no lo cree. Ya que el no puede estar aquí. Es imposible.
Entramos a otra calle peatonal, hay árboles a ambos lados de la calle y el suelo está asfaltado con una fresca roca que cubre todo el trayecto hasta la próxima plaza. Es casi primavera y las flores están empezando a florecer a los pies de los arboles. Estoy concentrada en mi helado de chocolate cuando noto que una mano sujeta mi cadera.

Justin ha vuelto a sorprenderme. Ahora nuestros cuerpos están tan pegados que se rozan al andar. Puedo escuchar su respiración. Ahora ha rodeado mi espalda con su brazo, posando su mano sobre mi cintura. Como hacen los novios. Como hacen los enamorados. Le miro y vuelve a sonreír. Esta vez yo también sonrió sin pensarlo dos veces. Noto el calor de Justin directamente contra mi piel. Me gusta.

Lo cierto es que es evidente que los dos nos atraemos. No hay nada más que vernos para saber que hay sentimientos. Los dos nos queremos, aunque sea de una forma diferente. Aunque la verdad es que a veces pienso que el también está enamorado de mi. A fin y al cabo, coge un avión para venir a verme ¿no?, deja lo que está haciendo para llamarme por teléfono a cualquier hora ¿no?, hay atracción física. Eso es evidente.
Entramos ahora en la última plaza que hay que atravesar para llegar a nuestro destino. Esta es la más grande del pueblo, ya que aquí está la iglesia. Frente a ella hay un parque. Veo a unos niños jugando en él, y me sorprende ver a bastante gente en la puerta de la iglesia. Veo entonces a varios fotógrafos que esperan parados frente a ella.

Hay una boda.
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{Capítulo 1}


Esta mañana me he levantado sabiendo que hoy va a ser un buen día. Me he levantado con una sonrisa en la cara porque sé que una vez más voy a verle. Hoy voy a ver a mi amigo, a Justin. Le echo de menos.

Me levanto y voy directamente al baño, enciendo la luz y me miro al espejo. Hoy tengo buena cara. Menos mal. Salgo y miro el reloj. Faltan dos horas. Me meto en la ducha y dejo que el agua caliente corra sobre mis hombros relajándolos. Hoy va a ser un día interesante, pero también agitado. Justin Bieber está en la ciudad, y siento que tengo que protegerlo. Tengo que camuflarlo como a uno de esos bichos de los arboles, o al menos intentar que nadie le vea. No es difícil, ya que este es un pueblo pequeño y perdido. Casi todos los habitantes son mayores y los demás, bueno… no están muy puestos en cuanto a la música y esas cosas. 

A pesar de ello, Justin Bieber es conocido en todo el mundo. Hay que tener cuidado.

Rompo mis pensamientos y decido salir de la ducha. Después de buscar por todo mi armario, decido ponerme unos shorts ajustados y una camiseta de encaje con tirantes sencilla. Dejo que mi pelo se seque al aire, lo tengo largo y castaño. Y me maquillo, pero muy poco. Odio parecer una puerta.
Limpio mi habitación y bajo al salón para percatarme de que mis padres ya no están en casa. Si hay algo que me gusta y a la vez detesto de mi familia, es que solo pasan en casa unas diez horas, de las cuales ocho están durmiendo.

Vuelvo arriba y meto en mi bolso la cartera, unas gafas de sol y unas cuantas cosas más que presiento que hoy voy a necesitar. Me siento sobre la cama y abro el portátil. Espero unos diez minutos a que se caliente. Este trasto da pena. Mea cuerdo de que Justin me ha dicho unas mil veces que quiere comprarme un portátil nuevo, pero yo no le dejo.

 Cuando se enciende me meto a twitter.
 “Hoy va a ser un buen día”,
 “¿Preparado, súper estrella?”,
 “te estás retrasando, otra vez".

 Mi móvil vibra sobre la cama, tengo un mensaje de Justin.
 “Lo siento, llegaré en cinco minutos”.

En ese momento comienza a dolerme el estómago y entonces me acuerdo de que no he desayunado. Hago unos cálculos para intentar averiguar si me da tiempo a preparar algo antes de que él llegue. Suena el timbre y pienso “no, no me da tiempo, no”.

Bajo al salón lo más deprisa que puedo y me arreglo un mechón de pelo antes de abrir la puerta. Cojo aire y abro. Ahí está. Más guapo que nunca, más alto y más sexi. Me mira sonriente esperando mi reacción. A pesar de que llevo enamorada de el casi un año, nunca se lo he dicho. Siento que todo desaparecería entre nosotros.

-Oh dios –me llevo las manos a la cabeza- ¿E-e-eres Justin Bieber? –ahogo un grito de excitación- ¿Justin Bieber está en mi casa? –comienzo a dar saltitos sobre mi- ¡Oh dios, es Justin Bieber! ¡No me lo puedo creer!

El me mira sin decir nada, guarda silencio durante unos minutos y entonces sonríe.

-Déjate de tonterías, creo que me ha seguido un paparazzi –susurra- tengo la impresión de que ellos te espían.

Los dos reímos y entonces le dejo pasar.

-¿Has venido en tu coche? –digo mientras me dirijo a la cocina.
-Si –contesta el detrás de mi.
-¿Scooter sabe que has venido? –pregunto.
-No –dice seco.
-¿Y tu madre? –insisto.
-Si.

Le miro un momento para percatarme de que está frente a mi, serio y con los brazos sobre el pecho.
-¿Qué te pasa? ¿superestrella? –adopto su misma posición.
-No me has saludado.

Pienso durante un momento y me acuerdo de que, efectivamente, no le he dado un abrazo.

-Quería que fuera intimo –pongo cara pícara.
-Si, claro –bufa.

Sin decir nada más me acerco a el lentamente. Veo que al principio se resiste pero a medida que avanzo abre sus brazos y una sonrisa aparece en la cara.  Los dos nos fundimos en un intenso y largo abrazo. Me pego un poco más a el y noto que su respiración se agita. Le echaba de menos.

-Cada día estas más guapa –dice finalmente cuando nos separamos.
-Habló el chico más feo de Canadá.
-Bueno, tomo mucho el sol –ríe.


Nos sentamos en el sofá y comienzo a mirarle fijamente. Pongo la televisión y su nuevo videoclip sale en MTV, nos miramos y después sonrío.

-Sales muy guapo ahí –le miro- aunque un poco descoordinados esos pasos de baile, y tu pelo demasiado puntiagudo. ¿Y esa pose? Eres un chulito.
-Eh, eh, eh –me frena- creía que te gustaba –ríe.
-Y me gusta.
-Tu también a mi –dice pícaro.
-Ya –me levanto intentando que no se fije en que me he puesto nerviosa de repente- ¿tienes hambre?
-La verdad es que si –se lleva la mano a la barriga- me obligas a coger un avión desde California y no me ofreces nada de desayunar.

Ignoro su último comentario, aunque en realidad me gusta. Voy a la cocina y preparo el desayuno para los dos. Hablamos de cómo va todo, excepto de su trabajo. Intento no sacar mucho el tema, ya que se que le agobia. Me dice que solo su madre sabe que está aquí y que Scooter le montará una buena por haberse ido sin decir nada.

-Pero es tu semana libre –digo mientras doy un sorbo a mi café.
-Si, por eso estoy aquí –se burla- pero a Scooter no le gusta que viaje sin decirle nada. Incluso intentó quitarme el pasaporte –ríe- pero eso no funcionó.
-Si, porque estás aquí –río imitándole.

Justin me hace preparar una cafetera más. Abro otro paquete de galletas y se las paso. Es increíble cómo puede comer tanto y estar tan…

-Y bueno –sonríe- ¿Qué cuentas tu?
-Nada del otro mundo.
-El otro día, por teléfono me dijiste algo sobre Scott –se pone serio- ¿Qué le pasa a ese idiota ahora?
-Nada, puede que solo sean cosas mías, pero últimamente le veo demasiado –yo tambien me pongo seria- es como si por casualidad siempre estuviera ahí. Está ahí cuando voy a comprar el pan, cuando vuelvo a casa por la noche, cuando salgo por la mañana. –un escalofrío me llena de repente- es siniestro.
-Es un estúpido –ahora Justin parece molesto- dile a tu ex novio que si no deja de acosarte tendré que acosarle yo a el.
-Déjale, es igual –intento quitarle importancia.
-Sweden –ahora su voz parece haber bajado una octava- salisteis hace dos años y sigue detrás de ti.
-Cree que somos amigos –le digo- pero ya le he dicho que no somos nada.
-Más le vale mantenerse alejado –me mira intensamente- y bien –de repente su expresión cambia y como si quisiera eliminar la tensión que se ha creado por momentos, sonríe sin mas- ¿Dónde vas a llevarme hoy?
-Ya sabes que aquí no hay mucho que ver –sonrío ante su cálida voz- podemos pasear.
-Pasear –repite- me encanta pasear.
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{Introducción}



Hoy es el día.

Hoy es uno de esos días que no se olvidan.

Hoy, Sweden va a reencontrarse con una de esas personas a las que quieras o no, no puedes sacar de tu vida.

Justin Bieber ha vuelto a España para ver a su mejor amiga, para pasar un día con Sweden. El chico Canadiense al que todo el mundo conoce, premios, discos, fragancias. Uno de los chicos más influyentes en todo el mundo. El más querido y el más odiado y también el más perseguido por las cámaras regresa a España única y exclusivamente para ver a su mejor amiga.  Y es que hasta el más grande necesita alejarse de lo que le agota. Hasta el más importante necesita alguien a quien aferrarse cuando todo se le viene encima.

Sweden y Justin llevan siendo los mejores amigos desde hace casi un año, cuando se encontraron por casualidad en Atlanta, como resultado dio lugar a una de esas amistades que no se olvidan, esas que no puedes dejar pasar. Justin sabía lo importante que Sweden era para él y desde entonces, tuvo por seguro que no podía dejar escapar la amistad que ahora los une. No podía dejarlo escapar.

 Tal vez porque ella es una chica normal, de un pueblo perdido y alejado de todos. Tal vez porque ella ha sido la única persona que aun conociendo quien es y cuanto podría sacar de esa relación, la había mantenido absolutamente en secreto. Tal vez porque cuando el le ofrecía llevarla a California o Atlanta para conocer a los grandes iconos de la música o la fama, ella se negaba. El comprendió al instante lo importante que Sweden iba a ser para él, simplemente porque jamás había conocido a nadie como ella. Era muy difícil encontrar a alguien que aún sabiendo que con su sola presencia podría hacerse muy grande, guardara silencio. Hasta ahora no había visto en su vida a nadie que quisiera conocer de verdad a Justin, y no a Justin Bieber.

El supo al instante que necesitaba una amistad como la de Sweden. Sana y desinteresada. Sabía que desde aquel verano podría llamarla cuando lo necesitara, porque ella siempre estaría allí.

A pesar de lo que todos creen, no siempre es fácil saber mantener una apariencia. La fama a veces puede llevarte por el camino más peligroso. A veces la fama hace que te ahogues, que necesites desconectar durante un tiempo, porque si no te consume por completo.

Desde aquel verano Sweden había sido su válvula de escape cuando sentía que no podía más. Tan simple como escaparse, coger un avión y buscarla. Sabía que ella le estaría esperando al otro lado de la puerta, sin preguntas ni explicaciones. Eso era lo que Justin amaba de esa chica, lo que le volvía loco. Lo que le hacía seguir con una amistad tan arriesgada como la que ellos tenían.

En tan solo un año, habían pasado de ser amigos a confidentes, y de ahí otro paso más allá de su relación que ni ellos mismos podía calificar. Un paso que significaba que ambos comienzan a buscar algo más. Los dos saben que cuando están juntos la tensión puede notarse en el ambiente pero aún así ninguno de ellos quiere dar el paso. Y es que a pesar de que en ocasiones han deseado por encima de todo poder estar juntos, Justin no ha querido sacar a Sweden a la luz. Sus vidas son demasiado diferentes. Justin sabe que si alguien se entera de que está enamorado de esa chica, los medios se les echarán encima. Pero no es eso lo que le preocupa. En realidad su única preocupación es ella. Su relación. Su amistad.

Sabe que si alguien descubre que ha estado escapándose para verla, si alguien se entera de que tienen algo que ni ellos pueden explicar, la vida de esa chica se convertirá en lo que el odia. Ya no podrá huir y buscarla, porque ella también formará parte de ese gran obstáculo que es la cara oculta de la fama. Si hay algo por lo que Justin lucha día a día es porque la chica de la que lleva enamorado desde hace un año permanezca donde está ahora. Que no se vea involucrada en el mundo de las críticas y los paparazzis.

Algo que había impactado a Justin desde el principio fue que cuando se conocieron, ella le saludó con un “Hola, que tal”. Ella sabía perfectamente con quien estaba hablando y a pesar de eso le trató como alguien indiferente. Como si no conociera nada de él, pero sabía que si que lo conocía, pues ella le había apoyado desde el principio de su carrera.

Después del verano, ella regresó a España, y pocos meses después recibió la primera visita de Justin. Unos días antes le había llamado por teléfono y le había confesado que no sabía qué hacer. No sabía con quien hablar ni a quién acudir puesto que cuando lo había intentado, todos le habían respondido “es tu trabajo, tienes que aguantarte”. Justin necesitaba alejarse de todo y de todos, y Sweden le escuchó en silencio durante toda la noche, se quedó despierta escuchando a su amigo por teléfono y entonces, él supo lo que tenía que hacer.

-Te echo de menos –había dicho Justin al otro lado del teléfono.
-Pues ven a verme –contestó indiferente- escápate y ven a verme. Sabes donde vivo y también tienes suficiente dinero para coger un avión.

Ahí. En ese instante fue cuando Justin supo lo que ella le estaba pidiendo. Tres días después ella abrió la puerta y como si nada, allí le tenía.

Justin estaba soltero ya que su trabajo no le permitía tiempo para mantener una relación, o eso decía él. Aunque si eso hubiera sido verdad, tampoco lo habría tenido para coger un avión e ir a visitar a su amiga a España cada pocos meses.

Sweden también estaba soltera, aunque le había costado llegar a eso, ya que su antiguo novio, o el “error” como ella lo llamaba, la seguía acosando a pesar de que hacía dos años que habían terminado. Justin le odiaba.

Siete veces habían sido las que Justin se había escapado con ayuda de su madre, Pattie, del mundo de la música y la fama durante unos días para ir a visitar a su mejor amiga. Ocho, contando el día que hoy pasará junto a ella. 
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